sábado, 3 de mayo de 2014

Friend

Por aquellos tiempos, mamá estaba embarazada de mi hermana Katia. Yo quería que ya naciera y poder jugar al fin con mi hermanita. Me sentía sola.
Pero luego Juan apareció y todo cambió. Jugábamos todo el tiempo y siempre tenía algo divertido que decir. Estábamos todo el día juntos.
A mamá le disgustaba que yo hablara tanto de Juan, lo notaba en su cara.
Una vez, mamá me llevó con el doctor. Le dijo que yo tenía problemas con mi amigo Juan, el doctor le dijo que no tenía nada de qué preocuparse. Yo no lo entendía. ¿Por qué mamá no quería a Juan? ¿Qué había de malo en él? A Juan no le molestaba, decía que todas las mamás eran raras.

Hubo un tiempo en el que comencé a preocuparme por Juan. Estaba todo el día en mi casa ¿Y sus padres? ¿No estaban preocupados por él? y le pregunté por ellos. Su respuesta me dio miedo y tristeza:

-Hace mucho que no veo a mis papás. Los extraño.- Me dijo, sin darle importancia.

-¿Pero en dónde vives? ¿Cómo le haces para alimentarte?.- Le pregunté, preocupada.

-Aquí, vivo en tu casa. Duermo en el sillón de la sala por las noches.-

-¿Mis papás no te han visto?-

-Ellos no ven nada.-

Me quedé pensando un momento. ¿Cómo era posible? En ese instante Juan me pareció más extraño aún. No quería que viviera en mi casa pero no sabía cómo decírselo. Era mi amigo y lo quería, pero no lo quería todo el tiempo ahí. Además, no tenía otro lugar al cual ir. Me causaba mucha lástima. Al cabo de un rato, le dije:

-Solo procura que mis papás no te vean. En especial mamá. Yo te traeré comida a escondidas.-

-No es necesario, últimamente no me da hambre.-

"Eso está raro", pensé.
Pasaron los días y Juan empezó a cambiar. Estaba siempre enojado y una vez me gritó. Se disculpó después y me confesó que había personas molestándolo. Le pregunté que si quiénes eran y me dijo que solo se trataba de personas con problemas. Cada vez el asunto me gustaba menos.

Una tarde, no vi a Juan y decidí contarle a mamá toda la verdad. Las expresiones de mamá eran tan horribles que me sentí mal por actuar así a sus espaldas. Me hizo varias preguntas sobre Juan y luego si tenía otros amigos. Le dije que no; era la verdad. Solo tenía a Juan.

Me llevó de nuevo con el doctor y esta vez, mamá habló con él a solas primero y luego me hizo pasar. Solo me hizo preguntas, casi las mismas que mamá. Solo hubo una cosa que cambió: me dijo que dibujara a Juan.
Lo hice. Juan era unos años mayor que yo, ya iba a la primaria. Lo dibujé con su uniforme, todo sucio como lo traía siempre; le puse su cabello largo y castaño, también sus zapatos sin bolear. Al final, el doctor me dijo que saliera. Mamá me estaba esperando. Pero no estaba sola. Juan estaba a un lado de ella y me sonreía. Pero había algo raro en él. Le dije a mamá:

-¿Ya te cae bien Juan?-

-¿Por qué me preguntas eso?- dijo mamá, sorprendida.

-Pues están los dos juntos, pensé que ya eran amigos.

El rostro de mamá tomó un color tan pálido como las paredes del hospital. Juan se echó a reír muy fuerte, tan fuerte que me dio miedo. Le pregunté:

-¿De qué te ríes? ¿Qué le has dicho a mamá?-

-Nada, Diana. Tu mamá no puede verme, ya te lo dije.-

Me eché a llorar. No entendía por qué rayos Juan decía aquellas cosas. Pero luego me di cuenta de no mentía porque mamá volteaba a todos lados sin darse cuenta de que mi amigo estaba a su izquierda.

-Ya no quiero verte. Ya no quiero que seas mi amigo. Tampoco quiero que duermas en el sillón de mi casa. ¡Vete!- le dije, entre sollozos.

El rostro de Juan cambió de inmediato y volvió a ser el mismo de siempre: dulce y sereno.

-Lo siento, en verdad, perdón. No te molestaré. Nos vemos, amiga. Te extrañaré.- me dijo, casi llorando también. Se dio la vuelta y dio unos pasos. De repente se giró y añadió:

-Si quieres verme de nuevo, solo piensa en mí y volveré para jugar un rato.- Sonrió por última vez y se fue.



Mi hermana y yo estábamos en el patio de nuestra nueva casa cuando vi pasar a un niño. Me dijo adiós con una mano, sonrió y siguió caminando. Yo no lo conocí pero se me hizo ligeramente familiar. "Debe ser alguien de la escuela", pensé. 



Cinco años después de que vi a ese chico, mamá me contó toda la historia. Dudé un tiempo de la realidad, pero luego recordé la sonrisa de aquél niño extraño que jamás volví a ver. Recordé su ropa, un uniforme de una escuela desconocida y unos zapatos sucios.

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