viernes, 4 de abril de 2014

Miedos

     No tienes idea de las veces que me he reservado las ganas de correr hacia ti, abrazarte y plantarte un beso, así sin más. Saco fuerzas de la nada para controlarme, tal vez esa fuerza viene del miedo. Sí, el miedo. Ese maldito miedo de no saber qué va a pasar, la incertidumbre. 
     Cómo desearía poder leer tu mente, poder ver que me quieres igual que yo; que añoras mi compañía; que pasas noches en vela pensando en mí; que en las pocas horas que logras conciliar el sueño, tú y yo somos los protagonistas, sin actores secundarios, solos tú y yo. 
    Tal vez eso se podría convertir en realidad, pero el miedo me ataca de nuevo y me paraliza. No es un miedo cualquiera, es un miedo diferente. Es esa clase de miedo que se mete tanto en la mente como en el cuerpo, me absorbe, hasta tiene voz, forma y color. Me dice cómo actuar, qué hacer, qué pensar... Cuando menos me lo esperé, me dí cuenta de que no era la protagonista de mi propia vida, no, es el miedo que se apoderó de mi ser.
     No solo me hace débil, sino que me quita las posibilidades de tomar decisiones. 
El miedo, ese parásito que se alimenta de los problemas, está controlando mi vida. 


A ti, ¿te controla el miedo? 

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