No tienes idea de las
veces que me he reservado las ganas de correr hacia ti, abrazarte y plantarte
un beso, así sin más. Saco fuerzas de la nada para controlarme, tal vez esa
fuerza viene del miedo. Sí, el miedo. Ese maldito miedo de no saber qué
va a pasar, la incertidumbre.
Cómo desearía poder
leer tu mente, poder ver que me quieres igual que yo; que añoras mi compañía;
que pasas noches en vela pensando en mí; que en las pocas horas que logras
conciliar el sueño, tú y yo somos los protagonistas, sin actores secundarios,
solos tú y yo.
Tal vez eso se podría convertir en realidad, pero el miedo me ataca de nuevo y
me paraliza. No es un miedo cualquiera, es un miedo diferente. Es esa clase de
miedo que se mete tanto en la mente como en el cuerpo, me absorbe, hasta tiene voz, forma y color. Me dice cómo actuar, qué hacer, qué pensar... Cuando
menos me lo esperé, me dí cuenta de que no era la protagonista de mi propia
vida, no, es el miedo que se apoderó de mi ser.
No solo me hace débil, sino que me quita las posibilidades de tomar decisiones.
No solo me hace débil, sino que me quita las posibilidades de tomar decisiones.
El miedo, ese parásito que se alimenta de los problemas, está controlando mi
vida.
A ti, ¿te controla el miedo?
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